Hay una constelación muy especial que se puede ver en ambos hemisferios: Orión.

A todos nos ha pasado aquello de repetir una palabra tantas veces seguidas que la palabra se disuelve, pierde sentido y sólo es un ruido deforme, absurdo, que ya no comunica nada.
A veces pienso si puede suceder lo mismo con otras cosas. Ahora, por ejemplo, he puesto frente a mí tu retrato y he hecho el ejercicio de observar todos los elementos que la componen, todos menos tú, a ti llegaré después. El fondo, el marco, las iluminación, los colores. Después de que todo eso se ha convertido en simples manchas, he regresado a tu rostro, tu pelo, la ropa que llevabas puesta esa tarde, tus manos, las joyas. He repasado las líneas, las he dibujado, he pintado, he reinterpretado el conjunto, el disuelto los colores, he desordenado las formas hasta que ya no sea tu retrato. Ningún recordatorio de ti.
Puedes repetir una palabra hasta la náusea, pero, no hasta el infinito. En algún momento dejarás de pronunciarla, sólo para verla volver un día, y sorprenderte con la claridad que encuentra tu memoria en su significado y no podrás hacer nada para evitar evocar todo lo que la palabra contiene.
Lo mismo pasa con tu nombre y con tu retrato.
¿De qué hablamos cuando hablamos del amor? Se pregunta
Carver ¿Qué sabemos del amor? Se emocionan Bacilos en una
bonita canción que está de fondo mientras escribo. Calamaro anunciaba
que No se puede vivir del amor. Y, a pesar de todo, hay miles,
millones de personas hablando del amor. Del amor romántico, del amor sexual,
del amor heterosexual, del amor de pareja,
que love is love en
junio. Del amor que nadie sabe qué es en realidad. Y, claro, también del
desamor.
Me pregunto qué nos lleva a unir nuestras ropas con las de otra persona ¿Qué
nos empuja a buscar, a veces con desenfreno, a ese alguien? ¿Cuándo cortaron
en dos las naranjas y las desperdigaron por ahí? ¿Cuándo hizo su entrada el
Príncipe Azul? ¿Cuándo se sentenció para siempre en el altar? ¿Cómo entró esa
chica en mi corazón? Por amor, explica José Luis Perales.
¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? Se preguntan en
el cine.
Y aun así hemos dicho TE AMO con total convicción.
Amistad, complicidad, brillo en tus ojos, mariposas en el estómago. Me cago de amor, nos ponemos hasta escatológicos. Compatibilidad, ternura, oler su pelo, verte dormir, tomarnos de la mano, caminar juntos, hacer planes. Hacer el amor.
Buscar a alguien que colme todas o casi todas tus expectativas, que vaya contigo porque tú quieres ir con ella, que no se vaya, que te quiera, que se cuiden, que le desees, que le seas suficiente. Que te sea fiel ¿O leal? ¿Y el poliamor? Quizás aprendimos que el amor está hecho de retazos que encontramos esparcidos en más de un alma.
La casa, la rutina, los hijos, los recuerdos, otra vez la rutina. Tantos años
juntos.
Al final, los finales. Las despedidas. Cuando se acaba el amor, se
desgrana Guillermo Dávila. Te amo, yo tampoco. Adiós amor,
desafina Mar de Copas. Gran bienvenida al Club de los Corazones Solitarios.
Fito Páez trata de describir lo que es El amor después del amor.
Yo, que he visto muy de cerca juicios de divorcio, me angustio con José José
preguntando ¿Dónde está el amor? mientras veo a dos personas,
que algunas se amaron, lanzarse puñaladas de tinta y papel autorizadas por un
abogado experto en divorcios (todos los abogados son especialistas en sacarles
plata mientras ustedes se sacan los ojos).
Volver a empezar, si aún te quedan ganas... y tiempo.
Mientras tanto yo estoy aquí, como hace treinta años, balanceando mi cuerpo preguntando con Haddaway, What is love?
Del big bang en nuestros labios del inicio del resto del desplome del pasado del futuro ahora presente de los poemas que escribieron tus bra...