jueves, 17 de noviembre de 2022

Cansancio

Mientras espero que el café logre reducir la cantidad de adenosina que ha invadido mi sistema nervioso, contemplo por la ventana el bochorno de la calle. Al principio todo me parece distante, lejano, como una fotografía mal encuadrada. Todo es culpa de las malas noches y de este trabajo que decepcionaría las expectativas de mis padres. Ellos celebraron mi ingreso a la universidad y ya soñaban con verme despachando, con gesto adusto, desde una amplia e impecable oficina. Lo cierto es que entre la herencia de la pandemia y la mala costumbre de la gente de dejar todo para el último momento, he terminado oficiando de bombero en degradantes pijamas.

Mientras la ola de calor me acaricia como adolescente en su primer beso a oscuras, pienso en todos los mensajes pendientes en el celular. Los remitentes -no tengo pruebas, tampoco dudas- escriben desesperados desde los espacios que les roban a sus otras actividades (al trabajo, las clases o la paz del inodoro), esperando que yo les conteste con la misma premura. Supongo que es normal que sientan que lo propio siempre es más importante. Créanme, lo entiendo. Pero, amigo, tú urgencia por contestar la demanda de alimentos que tu tercera mujer te ha plantado, no es mi culpa. Y, verás, hay unas veinte almas que esperan lo mismo de mí, y lo vienen esperando hace como doce horas (lo que es más o menos la eternidad desde que existe el celular). Te ganaron por puesta de mano, sorry. Encima, cuando te diga cuánto te voy a cobrar vas a reaccionar como si te estuviese acariciando la glándula pituitaria, intentarás regatear, me dirás que hay otro que cobra menos, yo te diré, cansando, que vayas con esa persona y, al final de toda esa farsa, me terminarás pagando tan poco que no me alcanzará para pagar a un asistente. Entenderlo debería ser tan sencillo como usar el shampoo.

Si me pongo escatológico, es que me siento como la mierda. Además del cansancio, el mal sabor que me dejó el exceso de azúcar en el café (al parecer no activa más rápido el reseteo mental) y el calor, que ahora sí se ha metido a mi habitación como un traficante de tierras, además de todo eso, el maldito teléfono ha vuelto a sonar. Si yo tuviese el talento (el tiempo no lo tendré nunca, ya estoy resignado) y escribiese una versión siglo veintiuno de la Divina Comedia, pondría en el hocico del diablo al que se le ocurrió la telefonía inalámbrica, al creador de la cerveza Corona y al que le puso la melodía de Llorando se fue a los autos en retroceso. Y no me jodan, que ya sé todos la conocen como la Lambada, pero esta es un plagio y Kaoma perdió el juicio contra los Kjarkas. Y si he puesto el nombre de la canción original y luego he hecho la aclaración es sólo para sentirme snob y conocedor por dos. O, si prefieren, para que sepan lo engañados que viven, malditos. También espero que entiendan esto, lo hago sólo para sentirme bien mientras descubro que mi hábito de tomar el café cargado me ha curtido los conectores neuronales y tendré que seguir trabajando mientras tres cuartas partes de mi cerebro está generando escenarios inconexos en los que termino mi trabajo tumbado en una perezosa que está en mi habitación, que tiene metida una playa privada en la que, además, está Henry Cavill preparándome un chilcano.


PD: de todos los casos de polisemia en el castellano, el de "escatológico" debe ser el más pendejo.

lunes, 8 de febrero de 2021

Una revolución

La fiesta fue primero
la danza y el cortejo
la libertad y el camino.
Luces, cielo y día.

El silencio fue después
inmóvil distancia
el pasado y sus barrotes.
Sombras, tierra y los ojos cerrados.

Una revolución y nada ha comenzado
la primera letra trunca
el punto no ha seguido
la coma desaparecida
el párrafo truncado.

Yo tampoco sé de sintaxis.

viernes, 15 de enero de 2021

jueves, 14 de enero de 2021

Contraste

Las tardes son de cielos despejados
de sol radiante y cálido refugio. 
Pero, por las noches las nubes asoman
y las estrellas tutelares se niegan a convocar
constelaciones.

jueves, 31 de diciembre de 2020

SILENCIO

Silencio no es calma
puede ser grito ahogado
es guerra en reposo
el momento previo a la explosión.

Explosión no es destrucción
explota la primavera
la flor en consecuencia
es el fin.

Fin no es conclusión
puede ser cambio
renovación
.

Finaliza el camino
comienza el paisaje.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Diciembre 2020

Durante el día el sonido monofónico sólo acentúa lo abigarrado del paisaje. De noche las luces explotan y la ciudad entera se disuelve en efectos de LSD mezclado con panetón. La sensación es aprensiva; las ganas de huir hacia la paz de la cuarentena se mezclan con la necesidad de internarse en la psicodelia y desbarrancar por la tarumba de lo cursi. Las sonrisas, los saludos, los abrazos frustrados durante tantos meses te empujan a detenerte ante cualquier novedad repetida del año pasado; los antiguos aromas citadinos se renuevan. El antojo postergado ruge desde un rincón lleno de vitamina C, clases on line y tutoriales de repostería. Por un instante dudas si deberías o no retirar la mascarilla; tu inconsciente encuentra todo tipo de excusas: han bajado los contagios, ahora hay tratamiento, hay camas en UCI, eso está cocinado, no hay evidencia de contagio por la comida. Toda precaución ha sido exagerada. Las mercaderías urgentes ocupan los espacios, los serenos miran impotentes y repiten ¡distancia, distancia! solo por cumplir con las formas (esa vieja costumbre); la gente casi puede tocarse, los ojos parecen felices en el reencuentro con desconocidos. Y caminas y miras y oyes. 
Dentro de poco las tiendas comenzarán a cerrar. El toque de queda limita casi toda euforia, menos la de un pueblo que unido jamás será vencido, por supuesto.

Mientras introduces las llaves no estás seguro si estás volviendo a la rutina o escapando de la vida.

lunes, 16 de noviembre de 2020

EN PIE DE LUCHA

Han sido días duros para el país, días de zozobra, pero también días de lucha y unidad. Ni el miedo a la pandemia, que en el algún momento nos confinó en nuestras casas, evitó que la gente salga en multitud a las calles. Como dijo Daniel F, preferimos morir de covid que de una soberana indiferencia.

Dentro de la desgracia ha sido hermoso ver a un país unido por una causa, un país que olvidó sus diferencias y salió junta a la calle a defenderse, a demostrar que el poder emana del pueblo, es del pueblo y para el pueblo.

Podría decir muchas cosas, pero, ya verán mejores manos a escribir y describir con la belleza y altura que se merece esta gesta.

Me queda la satisfacción de haber participado, junto a todos los millones que lo hicieron (porque esto lo hicimos todos: marchando, aplaudiendo, cacerolando, gritando, compartiendo información, donando dinero, movilizando gente, dando protección en sus casas). Pero, más profundamente me queda la alegría de ver a las nuevas generaciones al frente, organizándose, luchando, demostrando que será siempre la juventud la que mueva la historia, la que empuje el mundo (siempre tan vigente Manuel Gonzales Prada). Si esa gente será la que gobierne en el futuro, ya no me da miedo la vejez.

Un agradecimiento enorme a las chicas y los chicos que estuvieron al frente, la Primera Línea, arriesgando sus vidas, desactivando bombas lacrimógenas mientras recibían el embate armado de una policía que juró protegerlos y que, a la menor orden, parece estar dispuesta a romper y contradecir ese juramento. Gracias a los médicos, enfermeros, paramédicos, voluntarios y demás personas que conformaron las Brigadas de Auxilio, muchas vidas se salvaron gracias a ustedes.

Tristeza profunda por los jóvenes que fueron asesinados. Diez impactos de proyectiles no es casualidad, no es un hecho fortuito, es ensañamiento vil.Jack e Inti ¡PRESENTES!

Material gráfico de esta gesta hay muchas pero, creo que es hay consenso en que esta es la imagen que la representa mejor. El Bicentenario nos encuentra así, luchando aún por nuestra libertad.  

Créditos de la foto: Sebastian Castañeda Vita

Está claro que esto no termina aquí, porque un país nunca se termina de construir y porque, al parecer, siempre habrá quien nos quiera doblegar. Seguiremos. Seguirán, sobre todo, seguirán. Ahora estoy seguro.

Somos libres.
¡Seámoslo siempre!

martes, 3 de noviembre de 2020

EN ESE SILENCIO

Había luna llena, yo regresaba a mi casa, todo en el ambiente me hizo recordar cuando te conté, en medio de la oscuridad, que de niño el ambiente se llenaba de ese silencio que aquella noche nos envolvía y que en esta me acompañaba por las calles difícilmente iluminadas por una luz que no lograban vencer la neblina, como tampoco una música lejana lograba romper ese silencio inevitable que antes me llevaba hasta mi infancia y que ahora hacía una pausa en el camino de regreso y se posaba por un instante eterno en esa oscuridad a medias que transfiguraba nuestros cuerpos en reposo después del amor.
Recordé el intenso olor de nuestra piel, adormitada entre las sábanas; recordé tus ojos y los míos apagándose en el umbral del sueño, mientras te contaba de ese silencio y de esa música a lo lejos; que esa noche volví a ser niño y me acurruqué en la soledad estropeada de mi pasado y tú me abrazabas para darme ese calor ausente en aquellas lejanas noches.
Recordé que esta noche es imposible que sea esa noche y que esta penumbra no es aquella sublime oscuridad, aunque el silencio haya quedado flotando en el tiempo y me haya encontrado en momentos como este, como ese. Como aquel.

Antes ese silencio me traía una sonrisa melancólica. Ahora, mi sonrisa es triste, además.

En medio de ese silencio caminé hasta la puerta de mi casa y era tu puerta. Y ya no eran mis áridas calles asfaltadas, sino tu camino de tierra húmeda y fértil en domingo al medio día. Ya no era la soledad de mis zapatos cansados, sino la alegre compañía de tus pasos. Ya no era un el sordo silencio de mi habitación, era la música de tu respiración agitada de tanta felicidad.
Así, me envolví entre las sábanas de aquella cama, te abracé y me dormí a tu costado.

martes, 13 de octubre de 2020

ANIVERSARIO

Del big bang en nuestros labios
del inicio del resto
del desplome del pasado
del futuro ahora presente
de los poemas
que escribieron tus brazos.

También de la duda
del puente que no crucé  
del grito ahogado
de la palabra ausente
del perdón 
que no supe pedir.

Del primer paso hacia
la reconstrucción del mundo.
Y aunque no entienda la arquitectura
mis planos son las tres estrellas
que ciñe el héroe tutelar.

Así un día, también,
será el aniversario de nuestra sonrisa
del recuerdo
del pasado
de todos las cosas
que no están dichas por ausentes
                                                      ocultas
del desencuentro que nos une
de lo que no podía ser
pero ha sido
porque brillamos.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

TRES TERCETOS

Un jirón de beso en simulacro 
se ha quedado colgado 
de mis labios. 

Un pedazo de mirada incompleta
va trepando en la maraña 
de mi mente. 

Un pequeño eco de lo que fue el amor 
va anidando poco a poco 
en mi corazón.

jueves, 24 de septiembre de 2020

LOS HURACANES NO SABEN DE SINTAXIS

Los huracanes no saben de sintaxis 
dos sustantivos no sirven para conjurarlos. 
Se presentan una tarde cualquiera 
se sientan frente a ti, sonríen,
y te desordenan los conjuros. 

No basta el correctísimo uso 
de la primera persona del plural 
o del verbo 
para evitar los cataclismos 
que sus ojos invocan.

Esta insuficiente gramática 
no va a prevenirme de la lluvia 
que se extiende desde sus dedos. 
Más ha valido dejar ser 
su roce sobre todo el paisaje. 

Y ante la resaca silenciosa,
la imprudente esperanza.
Se impacienta el diccionario,
se precipitan los hechizos;
Alzo la mirada, cuento cinco hacia el cielo 
procuro sortilegios
y lanzo desamparados mensajes 
cual náufrago
demandando regresar a las palabras.

viernes, 11 de septiembre de 2020

POESÍA, TÚ

Eres Poesía desencadenada que llega hasta mí, insólita; tu belleza, la palabra que no he pronunciado aún y es más hermosa porque no está contaminada del conocimiento de lo demás que no me interesa para nada esta noche... que se repite nuevamente... en mi cabeza... lunática...

lunes, 7 de septiembre de 2020

VIAJE AL CENTRO DEL RECUERDO

Un libro no es sólo una historia. Es todas las historias que se relación con él: quien te lo recomendó o prestó, por qué pensó que ese libro te interesaría, qué te inspiró, qué hacías mientras lo leías; cuándo o cómo llegó a tus manos.

Por ejemplo, a mí me mandaron a leer "Viaje al centro de la tierra" en quinto de secundaria. Ya por entonces sabía que la literatura sería algo más que un curso o un pasatiempo para siempre. La primera vez que lo leí fue en una edición pirata en papel bulky. Aún así fue difícil de conseguir. 

Ese primer ejemplar y sus recuerdos los perdí en el enredo de los años y las mudanzas. 

Durante años mantuve el deseo de hacer otra vez ese viaje y encontrarme con los monstruos prehistóricos y plantas gigantes que amenazan con devorarme. Tuvo que pasar mucho tiempo para tenerlo nuevamente y, además, en esta edición, bonita. 


Puedo recordar claramente dónde lo compré y hasta el día exacto, 7 de setiembre de 2019, y casi todo lo que hice ese día. A las personas que vi, con quienes hablé, hacia donde me fui, después.

Ahora cuando vuelvo a sus páginas ya no lo hago, solo, para sumergirme en las profundidades del planeta. Ahora regreso al colegio, a mi antigua y pequeña casa en La Victoria, a la caminata de San Isidro a Lince para saldar, contento, un deuda; a la clase que dicté, al frío que no me impidió quedarme horas contemplando la belleza de setiembre... Después, volveré también a esta cuarentena y a toda la historia que lleva dentro y encima.


NOTA:

Esto fue escrito en mayo. pero, hoy se cumple un año de cuando compré el primer libro de la colección. La cuarentena, entre otras cosas, hicieron que quede trunca, como muchas historias, para mí, para todos.

Hoy, un año después y a diferencia del año pasado, el día está claro, despejado. Se precipita la primavera y la gente salé de sus casas y, aunque, aún no podemos retomar la vida como la dejamos, suspendida, en marzo, lo que está sobreviviendo al distanciamiento y el encierro, tiene la esperanza de que todo, pronto, pueda continuar.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

CUCHARA VACÍA

Un plato,
Comida
La mesa está servida.

Un comensal
Apetito;
Y una cuchara vacía.

El mantel es largo
Blanco, nuevo
Y otra vez largo.

Al fondo suena,
Lenta, corta,
Una buena canción.
“Hay locuras” 
-dice-
Y las hay
Como esta mesa
Este mantel
Este plato
Y este banquete 

… Maldita locura
De la cuchara vacía.

sábado, 22 de agosto de 2020

ORION


Hay una constelación muy especial que se puede ver en ambos hemisferios: Orión. 

Siempre me gusta mirar al cielo y buscarla. Es fácil ubicarla porque lo primero que ves es su cinturón, formado por tres estrellas casi en línea (Mintaka, Alnilam y Alnitak, los tres nombres provienen del árabe). De ahí, afinando un poco el ojo y ya puedes ver la espalda del luchador, su garrote y hasta las sandalias. 

Hoy miraba hacia el cielo y buscaba a Orión. No estaba. No sé por qué buscaba antes ese grupo de estrellas, pero ahora sí. Yo te la señalé, recuerdas, hace mucho mucho tiempo ya. Sí, el tiempo pasa volando. Te la señalé una noche que caminábamos juntos sin presagiar nada de todo esto que es el mundo lejos el uno del otro, tan o más lejos de lo que están esas estrellas de nosotros. 

Ahora no puedo verlo, es como si el muchacho se hubiese escapado o escondido de nosotros o de mí, porque se me ocurre que quizás otros si lo puedan ver, menos yo. Creo que si fuese Orión también evitaría presentarme. Claro, eso de acompañarnos en las noches y ahora pues, o se iba contigo o conmigo o se iba, sabe dios, a hacer qué cosas. Sí, quizás tú sí puedas verlo, quizás Orión se fue contigo y me dejó a mí. Esto de estar encerrado en casa a uno le carcome el razonamiento y ya no sabe si está pensando o soñando. Es más, ni siquiera sé si de verdad estoy escribiendo o sólo es mi imaginación la que me hace escuchar el teclado de la computadora. Volviendo a Orión, decía que sí, que quizás se haya ido contigo. Después de todo, eres mejor compañía que yo. No sabría que contarle o decirle a Orión si me visitase todas las noches. 

Quizás un día vuelva a ver al buen Orión y no sé si tendré entrañas para preguntarle dónde ha estado todo este tiempo, porque me dará miedo que me confirme lo que acabo de pensar y luego no tenga tiempo para morderme la lengua y le pregunte por ti.

ANIVERSARIO

Del big bang en nuestros labios del inicio del resto del desplome del pasado del futuro ahora presente de los poemas que escribieron tus bra...