Hola:
Nunca he sabido comenzar las cartas; nunca me gusto el "deseando que todo esté bien". Claro que deseo que estés bien. Pero, bueno, ese no es el tema.
Venía, más bien, a decir ciertas cosas que quizás sepas, pero, bueno, uno siempre busca un poco de certeza. Lo sabes, tanto como yo sé que soy un pesado, que a veces soy realmente insoportable, que a veces no quisieras ni la cercanía, que te he fastidiado algunos momentos (no digo días porque eso es pretensión excesiva), que hago bromas pesadas, que digo muchas tonterías, que casi siempre soy un impresentable y que visto peor que Cantinflas los lunes por la mañana.
También sé que siento tu presencia, aunque no pueda verte y es por la taquicardia producida por ese cambio en el ambiente de pronto tan difuso como un poema mal escrito y apareces tú y entonces todo se corrige y luego por ahí dando saltitos como un feliz cabrón a quien complacen la migajas. Una cursilería, lo sé, pero qué le hacemos, así ando.
También sé que te extraño casi como modus vivendi; que te veo de reojo y me sonrojo si me pillas. Temo meter la pata y lo he hecho cientos de veces; debo protegerme, ya sabes, eso de las heridas del pasado y el cinismo como armadura. Sé que no hay sentido ni forma en todo esto, que quizás no entiendas nada, pero es que las palabras y las ideas salen al galope y quién puede contenerlas; yo entiendo menos este mundo, pero ahí ando, haciendo el esfuerzo.
También sé que siento tu presencia, aunque no pueda verte y es por la taquicardia producida por ese cambio en el ambiente de pronto tan difuso como un poema mal escrito y apareces tú y entonces todo se corrige y luego por ahí dando saltitos como un feliz cabrón a quien complacen la migajas. Una cursilería, lo sé, pero qué le hacemos, así ando.
También sé que te extraño casi como modus vivendi; que te veo de reojo y me sonrojo si me pillas. Temo meter la pata y lo he hecho cientos de veces; debo protegerme, ya sabes, eso de las heridas del pasado y el cinismo como armadura. Sé que no hay sentido ni forma en todo esto, que quizás no entiendas nada, pero es que las palabras y las ideas salen al galope y quién puede contenerlas; yo entiendo menos este mundo, pero ahí ando, haciendo el esfuerzo.
Sé todo eso, y sé algunas otras cosas más, como el brillo de tus ojos huidizos, tu necesidad de la atención sobre tus actos; el abrazo ausente y los míos desesperados; tus pasos alocados, tu excusarte en otras voces ante el fatídico silencio; tus palabras como un grito y mis oídos pendientes del sístole y el diástole.
También sé que quizás un día ya no estés, como ya no está mucha gente que he querido tanto, quizás tanto o menos que a ti; que ese día vendrá precedido por un último día, un último beso apresurado en la mejilla y luego un no sé hasta cuando y por fin el yo recuerdo cuando y tu nombre, tu recuerdo y el no saber si ya por fin ha pasado todo, si sólo es una briza extraviada del último verano o un invierno austral con ánimo de permanencia. Quizás sea yo quien se vaya primero, quién sabe. Sólo espero que ese día no me llegue en estado de conciencia para que no me duela tanto como cuando te veo partir con la luz del día y luego la noche tan a oscuras.
Sé tantas cosas que en verdad no sé nada, ni de ti, ni de mí, no más que tus manos, tu cabello, tu risa, estas letras y mis pasos concéntricos en ti.
Sé, también, que ya debo terminar todo esto y despedirme por el bien, aunque no me queda claro de quién o qué. Pero, sí tengo una certeza, es la del silencio de mañana y el bien, por favor, no tan esquivo.
MaP
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